Meditar y aprender
Hemos visto mil veces como los asiáticos comparten un delgado vínculo con la meditación. Los occidentales nos hemos ceñido a mirar como simples actos el romper ladrillos, por ejemplo, sin pararnos a pensar la concentración que hace falta para ello. ¿Cómo hemos sido tan ciegos como para no darnos cuenta que si diéramos más importancia a cosas que ellos le dan, como encontrarse a uno mismo espiritualmente, meditar o alabar a la naturaleza por todo lo que nos brinda, nos iría mejor?
Sin estar tan pendiente del dinero y de la ambición en su estado más funesto, hubiéramos avanzado más y quizás no tendríamos actualmente los problemas que tenemos. La violencia, por ejemplo, en los países desarrollados está más que demostrada y podemos comprobarlo en nuestra propia piel al caminar por cualquier parque de madrugada en cualquier ciudad, grande o mediana.
Por supuesto, cuando digo asiáticos no me refiero a la manada de radicales que vemos cada día en las noticias, me refiero a esos chinos, japoneses, tailandeses, hindúes y otros que mucho pueden ayudar a atenuar nuestros errores mediante su forma de ver la vida en algunos aspectos.
