Una sonrisa, por favor
Con una sonrisa los problemas no son tan graves y las malas noticias se convierten en regulares. La sonrisa mueve montañas. Sonríe el rey, sonríe el pueblo, sonreímos todos, sonríes tú y lo hago yo. Un pequeño gesto que se contagia y que alegra el día de aquel que no lo lleva del todo bien. La sonrisa viaja y lo hace sin equipaje, sin más carga que el peso del optimismo. En los mejores momentos de nuestra vida hemos sonreído y recordándolos seguimos haciéndolo, porque una sonrisa puede ser como un tatuaje que permanece inmutable a través de los años. Sonreír, sonreír y sonreír. No nos cansemos nunca de esta fuente inagotable. Sonriamos hasta que encontremos la razón para no hacerlo. Esa que no hemos inventado aún, pues en cualquier sitio la sonrisa tiene un lugar y no merece ser violado.
