El maltrato y la caradura son tendencia
No sé ni cuantas famosas he visto ya airear sus supuestos y sospechosos maltratos. He perdido la cuenta. Es normal perderla cuando los medios de comunicación no dejan de bombardearnos con dicho tema. Es una verdadera vergüenza que tengamos que soportar las penurias, muchas veces inventadas, que supuestamente pasan mucha de las mujeres conocidas de este país. La televisión, entre otras muchas cosas, sirve para denunciar, pero no confundamos esta acción con la que ejercen esta clase de personas y cómplices, que ofenden, no solo a las que han sido víctimas de maltratos, sino a todos nosotros como espectadores –los que todavía nos queda un mínimo de criterio ético-, que contemplamos avergonzados al límite televisivo que hemos llegado. El concepto de maltrato está claramente distorsionado y eso se refleja en diferentes situaciones de la vida diaria. Determinados alumnos se ven capaces de encararse con el profesor sin ninguna clase de respeto. Se sienten protegidos por la ley y confunden esa protección con la libertad para poder actuar a su antojo vejando al prójimo. Todo esto deja al enseñante en una situación cuanto menos difícil. Se ven incapaces de ejercer la autoridad que les concierne y pertenece. La gran alarma social con respecto al maltrato deja una gran confusión en la sociedad que hace que se confundan y olvidemos separar los temas serios y preocupantes de los más banales. La televisión está propiciando que esta gran confusión crezca. Cada día, cada hora que se repiten en la programación televisiva todas esas doctrinas que huelen a marketing puro, producen mucha ignorancia sobre los problemas reales y actuales. Tanta frivolidad constante crea una nube grisácea y espesa que no nos deja apreciar y percibir la importancia de los temas que merecen ser catalogados de serios.