Arriesgar puede significar ganar

   Él siempre soñaba con un mundo mejor. Las horas pasaban en el reloj de su oficina y sus ganas de vivir iban decayendo. Tenía que compartir espacio con su hermano, Bruno, al que detestaba. Irresponsable e incompetente al que parecía que la vida le sonreía. Carlos pasaba por problemas económicos. Un par de despistes con el dinero y algún que otro problema familiar, propiciado en su mayoría por su hermano pequeño, habían hecho dejar a Carlos en bancarrota.

   Era lunes, faltaba un cuarto de hora para acabar la jornada laboral. Llegaba una carta urgente, de Berlín. Era su amigo de la infancia, Kelen, que le decía:

“Hola Carlos, tengo una noticia muy importante y muy buena para ti. Anoche iba caminando por la calle, cuando salía del restaurante donde fui a cenar con Evelyn –su mujer, una colombiana que había emigrado, sola, por la difícil situación de su país-, y encontré un cartel que buscaba ilustrador. Pensé en ti y apunté el número. Al día siguiente llamé y conseguí una entrevista con un trabajador del departamento de recursos humanos de la empresa. Les enseñé los dibujos que me hiciste, hace tres años, cuando estuve de visita en España. Le fascinaron, pero me dijo que no dependía de él y que su empresa, de mucho prestigio internacional, contrata a sus empleados por un gran periodo de prueba sin sueldo pero con todos los gastos pagados para sus necesidades. Durante este periodo, ven las aptitudes de todos los candidatos y eligen a los mejores. Creo que es una gran oportunidad para ti. Deseo que lo pienses y reflexiones porque tienes mucho que ganar. He intentado localizarte y no he podido. Espero que todo te vaya, al menos, un poco mejor que cuando hablamos por última vez.”

   Carlos desechó rápidamente la idea porque pensó que era imposible poder trasladarse en ese momento a Berlín a empezar de cero. Tenía su sueldo fijo y su trabajo que, aunque no del todo gratificante, a fin de cuentas le daba de comer y le dejaba los fines de semana libres para descansar y realizar algún hobby. No quería arriesgarse, aunque supiera todo lo que podía ganar.

   Nuestro protagonista aún sigue trabajando en la misma oficina, desempeñando el mismo empleo y con escasas mejoras en su sueldo. Sus problemas económicos no han experimentado muchos cambios y su falta de motivación mantiene la misma actitud de siempre. Alguna vez se pregunta si pudo haber cambiado algo si hubiera aceptado la oferta de Berlín. Quizás los cambios no hubieran sido buenos y decidió bien al querer quedarse en su ciudad, con su gente. Siempre le quedará la duda. Siempre deseará una vida mejor. Esa vida que no fue capaz de perseguir.

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