¿Conseguir la belleza absoluta? No, gracias.

   Solemos pensar que los guapos disfrutan de unos beneficios muy apartados de los que todos los demás, que no alcanzan dicho grado de belleza, pueden optar. El físico es nuestra carta de presentación, unido a una elegancia o estilo –llámese como se quiera- característico de cada cual. Seguro que todos hemos presenciado alguna vez situaciones en las que a una chica con un buen pecho es tratada de forma diferente por parte de dependientes, porteros de discotecas y personal, en general, de todo tipo de establecimientos. Si un seductor nato hace presencia en el cine, por ejemplo, y la sala está cerrada porque ya ha empezado la película, solo le hace falta un guiño simpático y una sonrisa pícara para entrar sin ningún problema; con un poco de suerte, se llevará algún descuento de la cachonda dependienta que espera aburrida en esas horas en las que la tienda del cine carece de toda presencia humana.

   Pues bien, cuando ya estamos convencidos de las ventajas de los guapos, podemos ponernos en el otro lado y pensar que también existen ciertas desventajas que debemos conocer. La reina es la envidia. Está en todo y en todos, y muchas veces, consigue ser una verdadera arma letal en contra de los guapos. Éstos pueden ser victimas de bulos y malentendidos capaces de hacer caer en picado su imagen. Sí, hasta con una fachada impecable te puede pasar.

   Hagamos autocrítica. Nos daremos cuenta que a las personas bellas les exigimos mucho más. Si tienen alguna cualidad especial –sea pintar, cantar, bailar o poseer una memoria anormalmente potente-, la despreciaremos, porque tener un cuerpo que quita el hipo ya es demasiado para una persona sola. “Lo siento” –dirás-, “todo no se puede tener, ya sabía yo que tan perfecto/a no podía ser”.

   Hace pocos días, pude ver a un chico de la última edición de ese programa musical que se empeñan en comentar, durante todas las horas del día, miembros de reality shows –sin ningún conocimiento sobre dicho arte-. La audiencia lo había salvado del olvido popular y éste, al parecer, lo atribuyó a su físico, tremendamente admirado por el público. “¡Qué engreído!” –dijo la hipocresía de este país-. Pues no quedó ahí, porque un miembro del jurado, -aspirante a ser el malo malísimo y a que le lluevan insultos por parte del público, presente en el plató, y desde casa, que muestran sus opiniones mediante sms y mensajes de voz grabados en el chat, que va a continuación del programa, que conduce un excantante, extriunfito y exlunni- le dijo a este muchacho que si fuera por él estaría fuera del programa porque creía que éste, el concursante, había confundido Operación Triunfo con Operación Cachas. El momento cumbre fue cuando este curioso personaje llamó al aspirante a cantante un producto no válido para el mercado musical. ¡Hay que ver, cuanto mal han hecho para la televisión los grandes hermanos Marta López y Kiko Hernández, quienes ya fueron pioneros en hacer caja sacando lo más malvado de uno mismo!

 

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Jose, uno de los concursantes más polémicos de la última edición de Operación Triunfo.

Comentarios

Lo triste no está en la supuesta "hipocresía de este país", sino en el hecho en sí. Es decir, realmente somos los españoles tan superficiales para salvar a un concursante de un programa de música solo por su físico? Dónde han quedado nuestros valores? o este programa solo lo ven "quinceañeras" cuyo único afán es un chico guapo al que podre idolatrar?
Quién diga que el físico no importa, miente. Pero esto no quiere decir que todo se base en nuestra fachada...


El físico, la pena y los trapos sucios familiares vende, y contra eso no podemos luchar. No creo que debamos culpar a las chicas en plena edad del pavo por actuar así. Esa es la consecuencia de una educación general y de una filosofía, la cual sufrimos, que se basa en el culto al cuerpo. Unido a la falta de escrúpulos por parte de esta cadena de televisión -y alguna productora- hace que nos encontremos con tales hechos. Esto, claro está, es meterse ya en senderos complicados. Hay mucho que decir sobre este tema. El físico importa, y debe importar, pero tenemos que utilizarlo de una manera positiva. No podemos alimentar complejo e inseguridad colectiva. La cultura del cuerpo que cada vez nos presiona más, la deberíamos transformar en hábitos saludables y empezar a cuidarnos -con esto no me refiero a dietas agresivas de una semana, a cirugía estética ni a una dedicación excesiva al gimnasio- y a valorarnos como nos merecemos.


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