¿Misericordia o hipocresía?
¿Está el pésame por encima de las rencillas? ¿Qué papel jugamos en el mal trago de un amigo –de mayor o menor calidad, más o menos honesto, muy lejano o del mismo barrio en el que vivimos- que de alguna manera nos ha traicionado? Son este tipo de preguntas las que se cuestiona una persona que se encuentra ante tal situación: un antiguo amigo, por el que ya no sentimos esa admiración y cariño –propio de la amistad- ha perdido a algún familiar querido. ¿Cómo nos enfrentamos ante tal situación si ni siquiera hablamos con dicho ex-amigo ? Al negarnos a hacerle llegar nuestro apoyo, ¿no estaremos deshumanizándonos? No comparto la idea de reanudar la amistad tras acontecimientos tan tristes, pero tal vez, la huída hacia una posible hipocresía hace que confundamos lo humano con lo falso, o el obligado deber social con nuestro propio deber moral y el auténtico sentimiento de pésame hacia alguien. El debate queda abierto.