Bebé a la carta
Una cosa es tener entrada libre en cada una de las discotecas más V.I.P. y exclusivas alrededor del mundo, que el más exquisito lujo esté a tu mera disposición y cobrar más de lo que cualquier hijo de vecino pudiera nunca imaginar. Otra muy bien distinta, es visitar un país y por el simple hecho de ser Madonna tengas el derecho a saltarte todo el proceso de adopción de un niño de Malawi, de donde es el nuevo hijo de la cantante. Analicemos un poco todo esto, dejando de lado la casualidad por la que las estrellas, cuando adoptan hijos, eligen a los niños más preciosos del lugar, y deteniéndonos en el acto injusto de burla de los procedimientos necesarios para tal adopción, que ante sus ojos tienen que soportar ver todas esas parejas que ansían el momento de tener a su hijo y librarlo de la vida que el destino les deparó. Y la culpa no es totalmente de Madonna, sino de las autoridades de dicho país que no le han exigido lo que al resto de candidatos a padres. No tuvo que pasar por esos análisis exhaustivos e incómodos de personalidad y tests de aptitud para comprobar que serán padres ejemplares. Por no mencionar, la obligación, por parte del gobierno de Malawi, de permanecer residiendo en Malawi al menos por el periodo fijado por parte del propio país. El padre de la criatura, por su parte, con una actitud más que comprensible, se alegra de que su hijo pueda tener una vida mejor de la que le tocó vivir y declara orgulloso que le han prometido que el niño va a ir a su país de origen periódicamente con el fin de no olvidar nunca sus raíces. La madre biológica del ahora hijo adoptivo de Madonna, murió mientras daba a luz. Sin esquivar lo beneficioso que va a ser esto para el bebé, deberíamos plantearnos y criticar tales hechos que cada vez más recuerdan a la Edad Media que al siglo XXI, donde una burguesía caprichosa hacía y deshacía a su antojo, y donde, los beneficios injustos e inmorales hacia las sociedades más ricas estaban a la orden del día.